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“Dignidad” es una palabra extraña. No por su definición, sino por la sensación que nos graba en la lengua. Es una palabra de gran peso, hasta grave, e igualmente demasiado liviana para lo que representa. Aun así, lo es—lo tiene que ser. La dignidad es honor y respeto. Su propósito no es sólo reconocer la humanidad que poseen todos, sino también crear estructuras sociales para protegerla. La dignidad no es un estado de sitio. Tampoco es la gentrificación que saca a la gente Afroamericane y Latine de sus vecindarios. La dignidad no se encuentra en las casas abandonadas, ni los lotes abiertos, ni los parques descuidados. De seguro, tampoco hay dignidad en la fuerza opresiva que le ha quitado espacio a nuestras celebraciones públicas.
No, la dignidad es como una marcha: fuerte, colorida, audaz, e indomable. Es el desfile de las fiestas patronales Puertorriqueñas. La dignidad es el mar de carros en la Avenida Western, el oleaje de Boricuas tocando bocina al otro lado de las barreras del CPD, el despliegue de banderas caseras y los gritos de “Yo soy boricua, pa’ que tu lo sepas!”


La dignidad es el baile de bomba, los bomberos y las bomberitas, y el movimiento rítmico de sus faldas que con cada repique de la conga se lanzan al cielo. Los bailarines llevan sonrisas amplias mientras se reparten banderas rosadas entre el gentío, que llevan la palabra “dignidad” en grandes letras negras. La dignidad se puede ver en la mirada de Miss Puerto Rico en su vestido azul de mar, repartiendo saludos desde la cabina en un convertible abierto. Cuando se le abre el paso a la calle, está en el baile de los vecinos en la Division. La dignidad es la paz antes de la tormenta de sirenas.
La dignidad es júbilo sin interrupciones. Es el sonido de “Wobble” de V.I.C. seguido por “Kulikitaka” de Toño Rosario saliendo por los altoparlantes. El desfile de las Fiestas Patronales Puertorriqueñas en Chicago es un recuerdo de nuestra historia colectiva, nuestra solidaridad. Es una celebración honrando a los que han sobrevivido.

La puedes ver a puro color; ocho esculturas, cada una midiendo 8’ de altura, que deletrean su nombre: DIGNIDAD. Fabricadas con madera y tela de alambre, luego con cemento color rosado, la obra se une a la procesión del desfile. Junto a ella, sentado sobre las letras con un megáfono rosado, anda el artista y los miembros de la comunidad que colaboraron para la realizar instalación. Por los últimos dos años, el artista colombiano Iván Argoté se unió con The Puerto Rican Agenda of Chicago y el Floating Museum para crear aquel monumento. Si se trata de un retrato o una advertencia, Argoté invita al público a que lleguen a sus propias conclusiones.
En esta época de violencia institucional de parte de ICE y la policía, este espectáculo solo se trata del primer paso para devolverle la dignidad al pueblo. “Tenemos el derecho de decir lo que queremos, pero nadie nos da el espacio para hacerlo. Esta obra reclama ese derecho. A través de nuestra cultura, podemos imaginar maneras revolucionarias para transformar nuestra realidad” dice Argoté, hablando de su política del arte y familia en una charla en la Galería Le Lo Lai en Paseo Boricua. En este evento, artistas y miembros de la comunidad compartieron sus pensamientos sobre la palabra dignidad. “DIGNIDAD” continuará su trayectoria por toda la nación, una demostración de solidaridad y protesta en varios lugares de impacto como centros de detención, monumentos históricos, y museos en los EE.UU. “La política en contra de la immigración es un ataque a nuestras comunidades. Por esa razón, debemos reconocer lo importante que es seguir moviéndonos y creando resistencia en estos momentos,” dice Argoté.







Un grupo de bailarines de La Escuelita Bombera de Corazon y participantes en el desfile, bajo la bandera de acero en la calle División. Un vejigante encuentra un momento de descanso. Un participante nos saluda desde la Galería Le Lo Lai, al frente de la escultura. Fotos por Tonal Mondae.
Desde nuestro punto de vista dentro de la galería, las ocho letras parecían gigantes, observándonos desde el camión de plataforma. Mientras se llenaba el local, pude ver cómo el público se le acercaba a la obra. Un joven investigaba las letras mientras su amigue practicaba un baile de TikTok, su celular grabando desde su lugar a los pies de la última “D”. Otros miraban de lejos, acercándose con manos tímidas para tocar las letras enormes, como si fuera algo prohibido–algo ajeno.
Uno de los vecinos presentes resaltó la importancia del año, el 60mo aniversario de la Rebelión de la Calle Division, la cual fue una reacción de la comunidad al abuso policiaco. “Yo creo [que nuestra solidaridad] es muy poderosa en Chicago, donde la gente trata de crear divisiones entre las comunidades Latinas y Afroamericanas. Yo creo que la realidad está en contra de esa narrativa. Somos el hogar de la Coalición Arcoiris!,” dijo con mucho orgullo. Esta obra es más herramienta que espectáculo, y aún así, es una epístola de amor desde Humboldt Park al mundo que nos recuerda a todos que merecemos dignidad, no solo verla.
“Yo creo que América y este país deberían considerar las comunidades que intentan excluir para poder aprender lo que significa la dignidad,” dice Mayda del Valle, la Poeta Laureada de Chicago 2026, describiendo cómo se aprende del respeto y la dignidad en familias Latinas. La poeta fue comisionada para componer una respuesta poética a la obra, su declamación acompañada por el canto de una guitarra. La audiencia le recibe primero con silencio reverente, luego con pitos y gritos en coro. El poema dice, “Mira, America, a todo lo que es bello y lo que podrías ser.”


Nacido de la rebelión y como respuesta directa a violencia policíaca, la gente Puertorriqueña se unió con otras comunidades Latinas y el Movimiento de Poder Negro para formar el Rainbow Push Coalition, que hoy en dia todavía reside en el lado sur de Chigago. Estas fiestas celebran el orgullo de un pueblo, de los mayores y los jóvenes. Celebran el orgullo, no solo de un vecindario, sino de toda una ciudad.
Después de la charla, la audiencia regresó a la calle. Todos, los chicaguenses, los Afro-boricuas, los Boricuas, y otros Latinos, bailamos bajo las banderas al sonido de “Nuevayol” de Bad Bunny. Yo, una persona Afroamericana, me uní con ellos. Con cada repique del “ey”, el sol veraniego se sentía más y más brillante. Formamos un círculo ahí, una tarima para cualquiera que quisiera bailar. Un niño y su familia se unieron con nosotros, gozando bajo las burbujas que el joven soplaba en la brisa. Nuestras sonrisas eran interminables.





Un oficial abre paso en la ruta del desfile para una guagua policíaca. Las faldas rojas de las bailarinas de La Escuelita Bombera de Corazon se despliegan al frente del Mercado Del Pueblo, en la esquina de Division & Rockwell. Fotos por Tonal Mondae.
El área designada para el desfile solo se trataba de tres cuadras de la Calle Division, entre las avenidas de Western y California. Mientras me acercaba a la salida, noté una guagua blanca identificada con el símbolo del departamento de sanitización, llena de policias. Yo conté al menos 8 oficiales dentro del vehículo, un imagen inquietante y depresiva. Como gente Afroamericana y Latina, tenemos tan poco espacio para disfrutar nuestra libertad. El día entero, entre aquellas banderas de acero, los oficiales se encargaban de interrumpir nuestra alegría, simplemente por que lo podían hacer. Pero como siempre, como la marea, la gente siguió bailando- tratándose uno al otro con amabilidad y dignidad.
Porque la dignidad somos nosotros.



Ivan Argoté grita, “DIGNIDAD” en coro con el gentío. Laureada de Chicago Mayda del Valle declama un poema original inspirado por la obra, en la Galería Le Lo Lai. Fotos por Tonal Mondae.

Sobre le Fotografe y Autora: Tonal Mondae (they/them) is a documentary photographer and writer based in Chicago, IL. Their work creates visual narratives that celebrate personhood and seek to explore the relationship between belonging and environment. The use of collaborative portraiture is an act of resistance that promotes the right to self-authorship for Black, Brown, and queer people.

Sobre le Traductor: AJ Ostolaza is a poet and fiber artist originally from Toa Baja, Puerto Rico. Their first collection of poetry in English, Ajeno, was published in 2009. They hold a B.A. in Cognitive and Linguistic Sciences from Wellesley College, with research focused on bilingual cultures, art in translation, and second-language acquisition. In their free time, they can be found pursuing some of the most ancient of human artforms: knitting, breadmaking, and storytelling.






